La alimentación como parte del entrenamiento
Cualquier persona que practique deporte con regularidad sabe que el rendimiento no depende únicamente de las horas de entrenamiento. La alimentación es un pilar fundamental que condiciona la energía disponible durante el ejercicio, la capacidad de recuperación posterior y la adaptación del organismo a las cargas de trabajo. Sin embargo, la nutrición deportiva está rodeada de mitos, modas y productos innecesarios que generan confusión y llevan a muchos deportistas aficionados a cometer errores que perjudican su rendimiento y su salud.
No hace falta ser atleta profesional para beneficiarse de una alimentación adaptada a la práctica deportiva. Tanto si corres tres veces por semana como si juegas al pádel los fines de semana o entrenas en el gimnasio a diario, entender los principios básicos de la nutrición deportiva te permitirá rendir más, recuperarte mejor y disfrutar más de tu actividad física.
Antes del ejercicio: cargar el depósito sin pasarse
La comida previa al ejercicio tiene un objetivo claro: proporcionar la energía necesaria para sostener la actividad sin provocar molestias digestivas durante el esfuerzo. El nutriente principal para este fin son los hidratos de carbono, que constituyen la fuente de energía preferida del músculo durante el ejercicio de intensidad moderada y alta.
El momento ideal para la comida preentrenamiento se sitúa entre dos y tres horas antes del ejercicio. En esta ventana temporal, el cuerpo tiene tiempo suficiente para digerir y absorber los nutrientes sin que el proceso digestivo interfiera con la actividad. Una comida moderada basada en hidratos de carbono complejos, como arroz, pasta, pan integral, patata o avena, acompañada de una porción moderada de proteína y poca grasa, es la opción más segura y efectiva.
Si el tiempo disponible antes del ejercicio es menor, la comida debe ser más ligera y fácil de digerir. Una hora antes, un plátano con un par de tostadas o un bol pequeño de avena con fruta pueden funcionar bien. Si solo dispones de 30 minutos, una pieza de fruta madura o una barrita energética son opciones de emergencia que aportan azúcares de rápida absorción sin sobrecargar el estómago.
El error más frecuente antes del ejercicio es entrenar completamente en ayunas durante sesiones largas o intensas. Aunque el ejercicio en ayunas tiene sus defensores, la evidencia científica indica que el rendimiento disminuye significativamente cuando los depósitos de glucógeno están vacíos, y que el riesgo de mareos e hipoglucemia aumenta considerablemente.
Durante el ejercicio: cuándo y qué ingerir
Para actividades de menos de una hora de duración a intensidad moderada, la hidratación con agua es generalmente suficiente y no es necesario ingerir alimentos ni bebidas deportivas. Los depósitos de glucógeno muscular y hepático almacenan energía suficiente para sostener este tipo de esfuerzos sin necesidad de aporte externo.
Cuando la actividad supera los 60 a 90 minutos de duración o se realiza a alta intensidad, el aporte de hidratos de carbono durante el ejercicio puede marcar una diferencia significativa en el rendimiento y en la capacidad para mantener la intensidad durante las fases finales. Las recomendaciones científicas actuales sugieren un consumo de entre 30 y 60 gramos de hidratos de carbono por hora de ejercicio prolongado, en forma de geles energéticos, bebidas deportivas, fruta deshidratada o cualquier alimento que se tolere bien durante el esfuerzo.
La hidratación durante el ejercicio debe ser constante y en pequeñas cantidades, sin esperar a tener sed, ya que la sensación de sed aparece cuando la deshidratación ya ha comenzado a afectar al rendimiento. Entre 150 y 250 mililitros cada 15 a 20 minutos es una pauta general orientativa que debe ajustarse según la temperatura ambiental, la intensidad del ejercicio y la tasa de sudoración individual. En nuestra guía para corredores principiantes abordamos aspectos específicos de la hidratación en carrera que complementan estos principios generales.
Después del ejercicio: la ventana de recuperación
La alimentación posentrenamiento cumple una triple función: reponer los depósitos de glucógeno agotados durante el ejercicio, proporcionar los aminoácidos necesarios para la reparación y síntesis de tejido muscular, y rehidratar el organismo reponiendo los líquidos y electrolitos perdidos a través del sudor.
La llamada ventana anabólica, ese período de aproximadamente dos horas posterior al ejercicio durante el cual el organismo absorbe los nutrientes de forma más eficiente, ha sido objeto de debate en la comunidad científica. La evidencia actual sugiere que, aunque existe una sensibilidad aumentada a la captación de glucosa y aminoácidos después del ejercicio, la importancia de esta ventana es relativa si la ingesta total diaria de nutrientes es adecuada. Dicho de otro modo: comer después del ejercicio es importante, pero no es necesario obsesionarse con hacerlo en los 30 minutos exactos posteriores al entrenamiento.
Una comida de recuperación equilibrada debería incluir hidratos de carbono para reponer el glucógeno, proteínas de calidad para la reparación muscular y líquidos abundantes. Un bol de arroz con pollo y verduras, un batido de leche con plátano y avena, o una tortilla con pan y fruta son ejemplos de comidas de recuperación completas y accesibles.
Proteínas: cuánta necesitas realmente
La proteína es probablemente el macronutriente sobre el que más confusión existe en el ámbito deportivo. El marketing de los suplementos ha creado la percepción de que los deportistas necesitan cantidades enormes de proteína que solo pueden cubrirse con batidos y barritas proteicas, pero la evidencia científica pinta un panorama mucho más matizado.
Las recomendaciones de ingesta proteica para personas que practican deporte de forma regular oscilan entre 1,2 y 2 gramos por kilogramo de peso corporal al día, dependiendo del tipo de actividad, la intensidad y el objetivo. Un deportista de 70 kilogramos necesitaría entre 84 y 140 gramos de proteína diarios, una cantidad que la mayoría de personas cubre sin dificultad con una alimentación variada que incluya carne, pescado, huevos, lácteos y legumbres.
Los suplementos de proteína en polvo no son necesarios si la dieta es adecuada, pero pueden resultar prácticos como solución rápida cuando no es posible preparar una comida completa tras el entrenamiento. Si optas por ellos, la proteína de suero de leche es la más estudiada y la que presenta mejor biodisponibilidad. La proteína de guisante o de arroz son alternativas vegetales razonables.
Hidratación: más allá del agua
El agua es suficiente para la mayoría de situaciones deportivas cotidianas. Las bebidas deportivas, que contienen electrolitos y carbohidratos, están justificadas cuando el ejercicio supera la hora de duración, se realiza en condiciones de calor elevado o la tasa de sudoración es alta. Fuera de estos contextos, las bebidas deportivas aportan calorías innecesarias, especialmente si el objetivo incluye el control del peso.
La mejor forma de evaluar tu estado de hidratación es observar el color de la orina: un tono amarillo pálido indica una hidratación adecuada, mientras que un amarillo oscuro sugiere deshidratación. Pesarse antes y después del ejercicio también proporciona información útil: por cada kilogramo perdido durante la actividad, conviene reponer aproximadamente un litro y medio de líquido.
Suplementos deportivos: separando lo útil de lo inútil
El mercado de suplementos deportivos mueve miles de millones de euros anuales, pero solo un puñado de productos cuenta con evidencia científica sólida que respalde su eficacia. La creatina monohidrato es probablemente el suplemento deportivo más estudiado y con mayor respaldo: mejora el rendimiento en ejercicios de alta intensidad y corta duración, como las series de fuerza y los sprints.
La cafeína, consumida entre 30 y 60 minutos antes del ejercicio en dosis de entre 3 y 6 miligramos por kilogramo de peso, ha demostrado mejorar el rendimiento en actividades tanto de resistencia como de fuerza. El beta-alanina puede resultar útil en esfuerzos de entre uno y cuatro minutos de duración al retrasar la acumulación de lactato.
La inmensa mayoría de los demás suplementos deportivos carecen de evidencia suficiente o han sido refutados por la investigación. Los quemadores de grasa, los potenciadores de testosterona, los BCAAs como suplemento aislado y muchos otros productos populares no ofrecen beneficios significativos más allá del efecto placebo. Antes de invertir en suplementos, asegúrate de que tu alimentación base es correcta: como señalamos al hablar del ayuno intermitente y la nutrición, la base de cualquier estrategia nutricional efectiva es una dieta equilibrada y adaptada a tus necesidades individuales.




