El aire acondicionado es el único equipo del coche que, incluso funcionando bien, puede darte dolor de cabeza. Y la fiebre. Y Coryza. Eso se debe a que puede ser tanto un factor de protección de la salud de los ocupantes como de protección contra las enfermedades. Lo que determina es el estado de su elemento filtrante.

El filtro de cabina (o antipolen), diseñado originalmente para ayudar al funcionamiento del aire acondicionado, es similar al filtro de aire del motor. Hay un modelo que, además de papel especial, utiliza también carbón activado, que aumenta la capacidad de retener los olores no deseados. «Incluso con la recirculación apagada (con la entrada de aire exterior abierta), el filtro de la cabina, especialmente el de carbón activado, es suficiente para retener la mayor parte del olor del humo de un camión desregulado que pasa por allí», dice Amaury Oliveira, gerente de ingeniería de Delphi South America, que produce acondicionadores de aire para automóviles.

El filtro antipolen o de cabina protege contra las partículas de polen y de polvo, pero también contra las bacterias y otros patógenos. «Algunos de ellos terminan pasando por el filtro y alojándose en las tuberías, donde se reproducen y pueden causar graves problemas respiratorios», dice Francisco Satkunas, director de SAE Brasil (Sociedad de Ingenieros de Movilidad).

El gran problema es que no hay forma de limpiar estas tuberías, debido al difícil acceso. Lo que queda es cambiar el filtro y sanear el sistema. Aunque es relativamente barato, el elemento filtrante puede permanecer en lugares de difícil acceso, lo que hace que la mano de obra para su sustitución sea más cara que la propia pieza.

Pasaje bloqueado

Una señal de que el filtro está teniendo problemas y necesita ser reemplazado es la disminución del volumen de aire que permite cuando el sistema de recirculación no está activado – la recirculación siempre preserva más el filtro. «Está diseñado para restringir el paso de las impurezas. Cuando se ensucia demasiado, el filtro no deja pasar nada, ni tampoco el aire», dice.

El mal olor o el olor a moho -que el conductor puede atribuir a alguna suciedad que se ha impregnado en la tapicería- pueden en realidad provenir del filtro de la cabina, y son también fuertes indicios de que es necesario cambiar el elemento filtrante e higienizar el sistema de ventilación del vehículo.

Otra forma de prevenir la proliferación de bacterias es evitar la condensación del aire dentro de las tuberías. Para ello, hay que apagar el aire acondicionado unos minutos antes de aparcar el coche, pero dejar la ventilación encendida. Si hay humedad, la circulación del aire tratará de secar las tuberías. También es aconsejable activarlo sólo después de que el motor se haya puesto en marcha.

En cuanto a la higienización del sistema, se realiza en talleres especializados con la aplicación de ozono, un gas que tiene propiedades bactericidas, a un costo que varía entre R$ 50 y R$ 100. Pero también se puede hacer en casa, con pulverizadores que se compran por unos R$ 30 en tiendas y autocentros. La aplicación la realiza el propio conductor con el aire acondicionado a su temperatura más baja, con las ventanas cerradas y la recirculación activada. La duración de la higienización es de unos 30 minutos.